
Salías a saltar los charcos grises, con tu pollera despojada de milagros.
Salías a la aventura de lo incierto, porque la vida te llevaba a descubrirte, en otros planos, en otros tiempos.
Y descubrías que las sombras de los duendes, te proyectaban a la cúspide del cielo.
Y te reías... con esa extraña luz de mariposa, que se mentía, porque tu burla de expansiones, te laceraba.
Sola y perdida te introducías en la lluvia, que gota a gota derretía tu armadura.
Y por las noches, en tu ventana, le preguntabas a la luna por tu risa, la verdadera, la que se expande en los pasillos de lo auténtico.
Y te perdías, desdibujada por la niebla, que no perdona, al que se hiere con el engaño de su sombra.
Y los fantasmas de la ira se asomaban, por las rendijas de tus ojos amarillos.
Te descubrían en tu trampa alucinada, porque sabían, que no tenías... la primavera traspasando tu esperanza.
Estabas sola y con la brisa de los puentes...tú te morías... por no estar viva.
Cuando la niña de los pétalos helados, te convirtió en una estatua capturada, ya no pudiste recobrar tu historia breve, porque moriste, con tu desdicha.
Sola y perdida te introducías en la lluvia, que gota a gota derretía tu armadura.
Y por las noches, en tu ventana, le preguntabas a la luna por tu risa, la verdadera, la que se expande en los pasillos de lo auténtico.
Y te perdías, desdibujada por la niebla, que no perdona, al que se hiere con el engaño de su sombra.
Y los fantasmas de la ira se asomaban, por las rendijas de tus ojos amarillos.
Te descubrían en tu trampa alucinada, porque sabían, que no tenías... la primavera traspasando tu esperanza.
Estabas sola y con la brisa de los puentes...tú te morías... por no estar viva.
Cuando la niña de los pétalos helados, te convirtió en una estatua capturada, ya no pudiste recobrar tu historia breve, porque moriste, con tu desdicha.