
Egregia, etérea, altiva, consagrada,
así se muestra nuestra alma,
cuando estamos ensayando la victoria,
de subir hasta el último peldaño,
sin que sangren las rodillas.
Lleva tiempo ascender esa escalera,
hay obstáculos agudos traicioneros,
hospedándose en el único lugar,
que permite franquear otra barrera.
No recuerden los fracasos pordioseros,
son fantasmas que pregonan su regreso,
sin saber que son una gran rueda,
que nos lleva a vencer en las contiendas.