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31 may. 2016

UNA ROSA AZABACHE





UNA ROSA AZABACHE

Cien fuegos yo he encendido
para quemar las naves del recuerdo
Son añoranzas que atormentan
mis pasos hilvanados con los hilos marchitos
de tus besos.
Acordeón de papel
guitarra sin pasión
cuerdas que no suspiran una canción de amor.
Las arenas del mal
se inclinan sudorosas sobre mis pies huidos
y un clarinete gris responde en su dolor
una inequívoca tempestad de adiós.
No te reclines sobre el banco de los ruegos
ni repitas la oración milagro.
Yo ya no estoy en juego.
Las hojas del otoño crujiendo en la vereda
ven transitar con pena el esqueleto azul de las sorpresas.
Sólo queda en mis ríos de paciencia
el aguijón agudo de la espera.
Fui una hoguera crepitando
en tus trenes excitados
y las fanfarrias afloraban
cuando tus manos cálidas buscaban en mi alma
la luz de un nuevo día.
Hoy la noche se ha quedado adherida
a mis pestañas
y el sol ya no germina mis ansias delirantes.
Ya ves
el tiempo de vivir se fue al desierto
y canta en mi ventana una rosa azabache
contándote el final

de este diseño diluido en lágrimas.



Beatriz Ojeda

Derechos Reservados


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